Clup Hipico

Para los amantes de los caballos o ponis, que pueden ser desde amazonas o ginetes hasta caballos y ponis


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A mis ojos... tú mundo.

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1 A mis ojos... tú mundo. el Sáb Feb 04, 2012 7:21 pm

Black Jack

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Día uno

Acababa de abrir los ojos y todo era muy claro allí fuera.
Me daba miedo porque por mucho que miraba no veía nada, y tengía mucho frío.
Mi mamá estaba a mi lado, y la oía relinchar intentando incorporarse.
Me empezó a rozar el cuello con su hocico, y me lamió las orejas.

Ella se levantó al rato, mientras las cosas se iban haciendo más claras.
Algo me miraba con cara de idiota. Erguí mi cabeza y mis orejas, y lo miré. Esa cosa me enseño los dientes, y yo relinché bajito.

Poco empecé a intentar levantarme pero me caía una y otra vez. Al final con un poco de ayuda de mi mamá conseguí ponerme en pié, y dar unos pocos pasos.

Me coloqué detrás de ella, a salvo de los ojos de esa cosa.
Oí su voz. No entendí lo que decí, pero asomé mi cabeza por debajo de la tripa de mi mamá, y lo miré.

Volví a esconderme, y al rato empecé a mamar de mi mamá.

El desconocido se marchó, y yo me quedé dormido, escuchando como mi madre me explicaba quién era, donde estaba, y quién era ese "hombre", palabra usada por mi madre.

Sonaba divertido, y estaba deseoso de explorar ese sitio al que mi madre llamaba prado.

Unas horas después de nacer

2 Re: A mis ojos... tú mundo. el Miér Feb 15, 2012 9:20 pm

Black Jack

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Día 2

Cuando desperté tenía mucha hambre. El calor de mi madre me había mantenido dormido toda la noche, pero ahora necesitaba algo que llenase mi estómago.
Relinché un par de veces y ella me amamantó. Tran un rato tumbado en un revuelto de paja, me levanté, y di un par de vueltas inspeccionando lo que había alrededor.

De pronto un ruido me hizo agudizar los sentidos y puse la cabeza tiesa. El hombre de el día anterior había abierto la puerta y una luz cegadora entraba haciendome entrecerrar los parpados.
Relinché y me acerqué a mi madre, mirandolo con desconfianza. El se retiro de la puerta y mi madre se levantó y salió a fuera. Yo laimite, inseguro, y temblando.

Cuando el sol comenzó a calentar mi piel, y los centenares de olores, sonidos y colores saturaron mi cabeza, mi madre echó a correr, y yo le seguí, haciendo cabriolas, y saltando para intentar llamar la atención de todos. Relinché una y otra vez, divirtiendome, y sin dejar de correr.

Después de correr un rato, mi madre paró y comenzó a comer hierba; pero a mi me apetecía seguir moviendome, y observar todo lo que me rodeaba...

Galopando con mi madre

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