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›La casa de Lizzie

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1 ›La casa de Lizzie el Jue Feb 16, 2012 5:22 am

Elizabeth

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BIENVENIDOS A LA CASA DE LIZZIE.
›UBICADA EN UNA ZONA BASTANTE CÉNTRICA | HEREDADA DE SU PADRE‹


Más de uno se ha preguntado cómo consiguió aquella lujosa casa una jovencita como Lizzie. La respuesta es más sencilla de lo que todos esperan: fue heredada gracias a su padre en cuanto éste murió. La muchacha se crió en aquella casa desde su nacimiento junto a su hermano y sus padres. Cuando cumplió los quince se fue a otra ciudad junto a su tía, ya que las cosas en aquél ambiente no andaban demasiado bien. Poco tiempo después su hermano mayor también se fue, por lo tanto, sus padres quedaron viviendo solos en la ciudad. Toda la familia seguía viéndose con asiduidad, sin embargo no era como antes.

Pasados unos años, Vince, el padre de Lizzie, murió. El hombre tenía problemas cardiovasculares desde hacía ya bastante tiempo debido a su sedentario y despreocupado modo de vida y toda una vida llena de excesos acabó pasándole factura. En cuanto él falleció, su madre decidió que ya era tiempo de abandonar aquella casa, pues realmente le traía muchos recuerdos de su fallecido esposo. Sin embargo, la simple idea de deshacerse de ella le rompía el corazón, considerando que Vince se había encargado personalmente de construirla para su familia. Por lo tanto, acudió a la salida más fácil: pedirle a uno de sus hijos que volviese a la ciudad para, e ésta manera, poder dejar la casa.

Charlie, hermano de Lizzie, se negó rotundamente debido a que ya tenía su familia formada en la ciudad en la que estaba actualmente y todos estaban lo suficientemente bien como para no querer trasladarse. Y sólo quedó Lizzie, quien también estaba muy bien, pero aún no había atisbo de tener algo que realmente hiciese que se aferrase a el lugar donde vivía. Por lo tanto, la muchacha aceptó la petición de su madre y acabó mudándose nuevamente a la casa en la que había vivido desde un primer momento. Buenos y malos recuerdos. Frío y calor. Ying y yang. Todo era una mezcla de sentimientos extraños, encontrados. Por un lado el sentir el calor de un hogar nuevamente, el ver todas sus pertenencias, su antigua habitación... Todo. Por otro lado, sentir la falta de sus padres y su hermano de forma mucho más profunda que antes. Pese a que lleva poco tiempo en la ciudad y en la casa, poco a poco se va habituando, retomando sus viejas costumbres.

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La casa está compuesta por cuatro dormitorios. Los tres principales, de los padres de Lizzie, de su hermano y de ella respectivamente se encuentran en el segundo piso. La cuarta habitación, desocupada la mayor parte del tiempo es para invitados y se encuentra en la primer planta de la casa. La habitación de Lizzie es bastante espaciosa, sin embargo no en exceso. Está equipada con lo indispensable, está muy bien iluminada y es muy alegre.




La cocina es quizás la parte de la casa en la que más está Lizzie cuando está allí. Le encanta cocinar y heredó de su madre el talento culinario natural de cualquier ama de casa: tiene realmente muy buena mano y muchísima paciencia para elaborar cualquier tipo de receta. Con el tiempo ha aprendido nuevas y diversas comidas con las que le gusta sorprender a sus invitados cada vez que recibe visitas en casa.





El living tampoco es la gran cosa, en parte porque Elizabeth re-decoró gran parte de la casa, quitando la excesiva cantidad de muebles lujosos que sus padres se habían encargado de colocar en cada rincón que quedase libre. Ahora el lugar es mucho más sencillo, aunque no deja de ser acogedor. Ahora, además, tiene un toque más moderno.





El baño cuenta con ducha y bañera, además de inodoro obviamente y una mesada con el correspondiente lavamanos. El baño es bastante extenso, quizás demasiado considerando el uso que se le da. A ella no le desagrada, sin embargo está pensando en re-decorarlo en cualquier momento.

2 Re: ›La casa de Lizzie el Jue Mar 01, 2012 12:31 am

Edward Cullen

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El suave ronroneo que emitía el Volvo acabó cesando. Suspiré al comprobar que habíamos llegado a la casa de Lizzie y nos encontrábamos justo enfrente de la misma - Es aquí... ¿verdad?, ¿No me habré equivocado? - Inquirí para asegurarme de que así era. Apenas podía contemplar algunos rasgos de la fachada de la casa de Lizzie, sin embargo cada detalle era prometedor - Tanto decir que mi casa es preciosa... y la tuya tampoco se queda corta - Afirmé con un tono bromista.
Esbocé una sonrisa - Bueno... espero verte mañana - Fui sincero. Miré por el parabrisas, con una expresión un tanto distraída, sin embargo... seguía escrutando cada movimiento que ejecutaba Lizzie. Esbocé una sonrisa tímida mientras giraba mi rostro hacia ella, y pude contemplarla en todo su esplendor. Me incliné levemente, con algo de vacilación y una vez más, rocé sus labios con los míos como despedida.

3 Re: ›La casa de Lizzie el Jue Mar 01, 2012 12:45 am

Elizabeth

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En cuanto el auto se detuvo dirigí mi mirada a Edward. Las despedidas de por sí eran difíciles, incluso cuando sabías que podrías ver a aquella persona el otro día si así lo querías. Esta no iba a ser la excepción. -Sí, es aquí- respondí, aún sonriente. Escuché su halago hacia mí casa, a lo que sonreí más ampliamente. -Sí, no me puedo quejar. Sin embargo no hay punto de comparación posible con tu casa, ya lo sabes- me reí un poco. Era cierto. La casa era más bien pequeña, pero yo no necesitaba más espacio ni más habitaciones, considerando que vivía sola y así seguiría por un buen tiempo más. -Mañana nos vemos- aseguré, asintiendo con la cabeza. Seguramente, tarde o temprano nos encontraríamos en la hípica. Me quedé observándolo, clavando mis ojos en los suyos y finalmente, como despedida, me acerqué y deposité un suave beso en sus labios. Finalmente me alejé un poco y le dediqué una sonrisa. -Cuídate- le pedí, antes de tomar mis cosas y abrir la puerta del Volvo, dirigiéndome a mi casa con apuro, tratando de mojarme los menos posible. Luego de abrir la puerta me dí vuelta, despidiéndome de Ed con un movimiento de la mano, ingresando finalmente a mi casa.

4 Re: ›La casa de Lizzie el Mar Abr 10, 2012 12:14 am

Elizabeth

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El camino desde la casa de Edward hasta mi casa transcurrió con una rapidez poco común considerando que no estaban demasiado cerca una de la otra. Al vislumbrar la entrada de ésta esbocé una sonrisa, caminando los pocos pasos que restaban y quedándome finalmente estática en la entrada, observando a mi acompañante. -Gracias por la compañía- le dediqué una sincera sonrisa, cruzando mis brazos sobre mi pecho y dejando mi mirada posada en los ojo de Ed. No solo le agradecía que me hubiese acompañado hasta casa, sino que sencillamente le agradecía todo. Desde el haberme llevado a cenar hasta la película en su casa. Desde sus palabras hasta sus silencios. Todo. Era sencillamente tan especial que no me alcanzaban las palabras para expresar todo lo que sentía por él en aquellos momentos.
-Por todo, en realidad- dije luego, suspirando. Me acerqué un par de pasos y, tras ponerme en puntas de pie para lograr acercarme lo suficiente a su rostro, besé sus labios. Aquellos labios que eran la mayor tentación a la que me había tenido que enfrentar, aquellos que eran mi perdición. -Nos vemos mañana- aseguré, luego de separarme unos pocos centímetros, sonriendo, separándome finalmente de él. -Cuídate, ¿sí?- le pedí, mientras luego de hacer bastante esfuerzo para soltar su mano. Comencé a caminar hacia la puerta de mi casa, sacando la llave y abriéndola, volteándome por última vez antes de dedicarle una amplia sonrisa y un gesto con mi mano a modo de despedida. Ingresé en mi casa, cerrando la puerta detrás de mí y suspirando, dejando las llaves encima de la mesa que estaba justamente al lado de la puerta. Avancé, dejando mi chaqueta encima del sofá mientras me iba directamente al baño, deseosa de tomar aquella ducha de agua caliente que tanto anhelaba. Me permití quedarme bastante rato bajo el agua, disfrutando de la perfecta temperatura de ésta, para luego salir y comenzar a secarme sin apuro alguno. Elegí ropa cómoda, ya que me iba a ir a dormir en cuestión de pocos momentos. Me dirigí nuevamente al living, quedándome en mi lugar en cuanto me pareció escuchar un sonido proveniente de afuera. ¿Un ladrido? Agudicé un poco el oído, ya que apenas y lograba escuchar con claridad de dónde provenía. Salí de casa, observando todo el panorama con curiosidad, sin lograr vislumbrar nada diferente. Antes de entrar nuevamente, logré darme cuenta de que efectivamente había un perro allí, escondido entre los arbustos que dividían mi casa de la casa vecina. Me acerqué despacio, arrodillándome en la hierba y observando al pequeño animal que se escondía, temeroso y ciertamente algo reacio al contacto con humanos. Hacía frío, así que no dudaba ni un momento en que no podría dejarlo allí, completamente desprotegido. -Ven, pequeño- lo llamé, estirando mi mano y chasqueando mis dedos, llamándolo. Él se acercó unos pasitos, temeroso, moviendo su pequeña cola de un lado a otro. -Hola, precioso. ¿Qué haces aquí solo?- le pregunté, acariciando su cabecita con mi mano derecha. Quizás tendría un año como mucho, lo único que sabía con exactitud es que era precioso. -Ven, vamos adentro- dije, tomándolo en brazos y dirigiéndome hacia casa nuevamente. Al estar adentro lo examiné, aliviándome al darme cuenta de que no tenía ninguna herida, al menos no visible. Y al parecer, tampoco tenía parásitos, cosa que confirmaría a la mañana en el veterinario. -Qué sucio estás- me reí, acariciándolo un poco más y dejando que inspeccionase la casa, para luego acercarme y llevarlo al baño. Lo dejé en el suelo y cerré la puerta, abriendo el grifo de la bañera y modulando la temperatura, para luego llamarlo. -Necesitas un nombre- me quejé, encogiéndome ligeramente de hombros y tomándolo en brazos, dejándolo dentro de la bañera. Comencé a mojarlo y, para mi sorpresa, no opuso resistencia alguna. Le coloqué el champú y comencé a enjabonarlo, para luego enjuagarlo y secarlo con una toalla. No hizo falta secador, pese a que el can en cuestión tenía el pelo bastante largo. Lo peiné y luego lo dejé salir, riéndome ante la reacción tan alegre del pequeño. Un nombre, eso necesitaba. Hice una mueca, no es que fuese muy imaginativa para esos asuntos, así que opté por una salida fácil. -Ray... ¿Te gusta Ray?- le pregunté, a lo que él se acercó moviendo la cola y dando algunos saltos, a lo que me reí. Tomaría eso como un sí. Le di un poco de comida y luego lo llevé a mi cuarto. Mientras me colocaba el pijama él ya había encontrado su lugar en la cama, así que me reí y decidí que al menos podía dejarlo por hoy. Me acosté, quedándome dormida en cuestión de pocos minutos, junto a mi nuevo compañero.

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Spoiler:
Nombre: Ray.

Edad: Aproximadamente un año.

Sexo: Macho.

Raza: Border Collie.

Carácter: Es muy alegre y divertido, siempre está buscando jugar y tiene una energía inagotable. Muy amistoso y cariñoso, algo celoso de vez en cuando. Es bastante inocente, bonachón, incapaz de hacer daño a alguien.

Fotos:











5 Re: ›La casa de Lizzie el Mar Abr 17, 2012 8:53 am

Elizabeth

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-Quieto, Ray- mascullé, medio adormilada aún al sentir al can en cuestión revolverse a mi alrededor. No, al parecer él no tenía intenciones de dormir siquiera un momento más, por lo que me obligué a mí misma a sentarme en la cama y estirarme, antes de dirigirle una mirada a mi nuevo amigo. -Sí, sí, ya veo que quieres salir a pasear- él movió su peluda cola de un lado a otro, por lo que acabó robándome una sonrisa. Salí de la cama no sin cierta dificultad, comenzando a vestirme con extrema lentitud producto de la pura pereza. Al dirigirme al baño era como si él fuese mi propia sombra, por lo que me reí y lo aparté, ingresando al baño para lavarme los dientes y peinarme un poco. La luz solar ingresaba por todas las ventanas de la casa, anunciando que ahí afuera hacía un día espléndido y que debía aprovecharse. Primero que nada el desayuno para empezar con energías el día, me dije a mí misma con un tono entusiasta. Me dirigí a la cocina, le di un poco de comida a Ray mientras yo me preparaba unas tostadas con un zumo y las comía en la cocina sin apuro alguno, observando con una sonrisa al perro. Sin lugar a dudas había traído toda la alegría que la casa necesitaba, pues el vivir sola se había convertido en algo casi deprimente. Acostumbrada como estaba a vivir con mis padres o hermanos, era complicado el encontrarme allí sola. Como si fuese un detalle menor, cabía mencionar que la casa me parecía demasiado grande para mí, pero bueno. No me encontraba en condiciones de reclamar nada. Luego de desayunar y de lavar los trastes que habían quedado acumulados me dispuse a dar una vuelta con Ray, por lo que lo llamé y le coloqué tanto el collar como la correa. Primero iríamos al veterinario para que lo examinase, posteriormente pasaríamos por alguno de los parques y seguramente al final pasáramos por la tienda de mascotas para comprar comida y algunos juguetes, además de un collar y correa más lindos, pues lo que usaba actualmente no pegaba con él. El veterinario dio el visto bueno, era un cachorro increíblemente sano pese a que había pasado al parecer ya bastante tiempo en situación de abandono. Tenía buen peso, libre de parásitos y perfectamente sano. Justamente la buena noticia que me hacía falta oír en aquellos días. Dimos una vuelta por el parque y estuvimos unas dos horas jugando, allí no había peligro de que se escapase así que me aventuré a soltarlo y dejarlo que corriese todo lo que le viniera en gana. Al final, cuando ya estaba llegando el mediodía fuimos a la tienda de mascotas, donde me hice con un saco grande de comida, collar y correa nuevos, varios juguetes de diversos estilos y una mullida cama para él, pese a que se encontraba bastante cómodo al parecer en mi cama. Volvimos a casa y en cuanto llegamos, luego de hacerme la típica fiesta con movimiento de cola y saltos incluidos, se tumbó en su nueva cama a descansar. Suspiré, era temprano, así que decidí darme una vuelta por el club. -Pórtate bien- le pedí al can, dedicándole una sonrisa. Tenía la puerta al jardín abierta y este estaba vallado, así que no me preocupé ni en lo más mínimo. Salí rumbo al club con paso tranquilo, disfrutando del maravilloso día.

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